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Chinda Brandolino y el Padre Pío (Testimonio)

El jueves pasado la reconocida doctora Chinda Brandolino estuvo como invitada en el vivo de youtube Precursores con Nicolás Canale En este programa de Faro Films productora se conocen la historias de quienes fueron los primeros líderes del movimiento provida en Argentina.

Escuchando la entrevista me impactó el relato en el que ella contó lo que fue la participación de la primeras mujeres católicas que se animaron a ir a los encuentros denominados: ” Mujeres Autoconvocadas”, donde las católicas eran bastante atacadas por sus creencias y valores. Ella contó cómo las agredían y cómo el uso de sacramentales como el agua bendita y la oración las protegía de las agresiones de los grupos feministas más radicales.

A raíz de eso me quedé pensando en su gran valentía en ese momento y ahora en el que en su participación en Médicos por la Verdad enfrentan una lucha con una maquinaria periodística muy grande y poderosa mundialmente, que está introduciendo un relato mentiroso de la pandemia, de su origen y consecuencias y que se ocupa de descalificar a los líderes que buscan la verdad. Y me preguntaba ¿de dónde sacaba ella esa valentía y perseverancia para enfrentarse a ese mal? y casualmente a los dos días me llegó por las redes una historia familiar muy particular de la Dra Brandolino que compartió Pablo Vivas un abogado y predicador católico de Venezuela en su Facebook donde leí la maravillosa historia de fe y entrega que respondió a mi pregunta.

A continuación comparto el relato publicado en Nueva Visión que Pablo Vivas reprodujo en su facebook:

ELLA PROVIENE DE UNA FAMILIA COCIDA EN EL DOLOR Y TRITURADA EN LA CRUZ DE CRISTO

La doctora comentó una anécdota bellísima y muy triste de su infancia relacionada con su hermano y SAN PÍO DE PIETRELCINA.

Chinda es la segunda de siete hermanos. Su papá era médico y siempre lo ayudaba: él le hacía pasar las recetas en las fichas de sus pacientes desde que tenía 10 años. Su papá era el único médico de la zona donde vivían. Él amaba a sus pacientes y sus pacientes lo amaban.

Cuando Chinda tenía 12 años, al sexto de sus hermanos que tenía tres añitos le diagnosticaron leucemia mieloide aguda. Prácticamente no se conocía la enfermedad, no había nada que hacer. Por esta razón, su papá y su mamá decidieron viajar a San Giovanni Rotondo, Italia, junto con el niño, para ver al Padre Pío y que éste lo sanara.

El Padre Pío les dijo que el niño no iba a curarse porque ésta era su misión en la vida. Esta enfermedad era por voluntad de Dios. El Padre Pío miró a la mamá de Chinda, le acarició la cabeza y le dijo: «Hija, voy a rezar por ti en este mundo y en el otro por tu resignación que no la tendrás jamás en esta vida». Y le dijo que moriría de tristeza.

A pesar de saber esto, los padres decidieron quedarse en Italia mientras su hijo estaba internado y recibiendo tratamientos allí mismo (mientras tanto, Chinda y sus hermanos eran cuidados por una institutriz en Argentina). El tiempo que el papá de Chinda estuvo en Italia ayudó como médico en el hospital que fundó el Padre Pío (Casa Sollievo della Sofferenza).

El Padre Pío le regaló un pañuelo con la sangre de la llaga de su mano. Este pañuelo era colocado en el niño y le ayudó a mitigar sus terribles dolores. Finalmente, el hermanito de Chinda murió en 1967 con cuatro añitos.

Al mismo tiempo, ya los padres de Chinda se habían quedado sin dinero y se tenían que regresar a la Argentina. Una vez en el aeropuerto, les avisaron que no había lugar en el avión para el féretro. Era una situación desesperante: la madre de Chinda se negaba a subirse al avión si no iba el cuerpo de su hijo. Por otra parte, el papá no tenía más dinero para seguir pagándole los gastos a sus hijos en Argentina ni para comprarse otro pasaje. Además, en aquella época los aviones no salían todos los días (salían una vez cada algunos meses).

Estando en esa situación angustiante, por primera vez, el hombre que nunca lloraba se puso a llorar desconsoladamente. En medio de la angustia, pone la mano en su bolsillo: allí estaba el rosario que le regaló el Padre Pío. Lo apretó fuerte y le pidió con su corazón al Padre Pío que lo ayudara. En ese mismo instante aparece un señor vestido de negro.

Como el papá de Chinda estaba llorando, no alcanzó a verle la cara. El hombre misterioso le entrega un formulario para que llene si quería que el féretro con el cuerpo de su hijo viajara en el avión. El padre se seca las lágrimas, firma, y cuando quiere darle las gracias, este hombre misterioso no estaba por ninguna parte. Se sintió de repente un aroma fuertísimo a violetas en el aeropuerto. Había sido el mismísimo Padre Pío quien lo ayudó.

La madre de Chinda estaba destrozada, nunca pudo apagar su dolor y a los pocos años muere por un cáncer de mama. Todo como lo había profetizado el Padre Pío.

Esta experiencia tan fuerte, el haber experimentado de tan joven la muerte de un hermano, el saber lo corta de la vida humana, junto con la profunda enseñanza cristiana que había recibido de sus padres, marcó profundamente la vida de Chinda.

«La experiencia del milagro, del amor de mis padres y de la muerte como parte de la vida, me hicieron abrazar esta vocación con un amor sobrenatural. Con una visión donde no te pueden hacer callar porque sabes que estás de paso y que antes o después te vas a morir». Chinda Brandolino todavía conserva el pañuelo del Padre Pío como reliquia.

Fuente: Nueva Visión

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